miércoles, febrero 13, 2008

Un viaje que cambiaría el mundo

La mañana apenas despuntaba y el HMS Beagle surcaba velozmente las aguas del océano Pacífico cuando el joven Charles ya estaba en la proa, los ojos soñadores posados en el horizonte, donde ya se perfilaba la neblinosa silueta de una isla volcánica. Tras casi cuatro años de viaje, Charles aún no se había acostumbrado a los vaivenes de la nave y todavía se mareaba con frecuencia. Pero aquella mañana se encontraba despejado, fresco, y ansioso por tomar tierra. Aunque sus lecturas y el estudio de la gran cantidad de especímenes que había ido recolectando llenaban los largos días ociosos, su insaciable curiosidad no se veía colmaba hasta que no lograba poner pie en tierra. Probablemente ese mismo día lo hiciese.

Charles había oído hablar mucho sobre aquellas islas, pobladas de enormes tortugas e iguanas y múltiples y variadas especies de aves. Se sentía ansioso ante la perspectiva del desembarco. Eran tantas las notas que llenaban sus cuadernos que ya había tenido que enviar buena parte de ellas a Inglaterra, pues el estrecho camarote se la hacía más pequeño aún si cabe. Eran tantas las ideas que bullían por su cabeza y había tanto material por analizar. Su periplo por la costa sudamericana le había supuesto un cambio radical en su forma de pensar, en su forma de ver el mundo. En él mismo. A pesar de las penurias del viaje, aquella estaba siendo una experiencia enriquecedora. Sentía que había nacido realmente el mismo día que embarcase, aquel lejano invierno de 1831 en Plymouth. Ni en sus más locos sueños, mientras charlaba con su amigo John Henslow por los jardines de Cambridge, habría podido imaginarse lo que le deparaba aquel viaje.

Esa misma tarde el barco atracó en una pequeña caleta rocosa. Durante los días siguientes, la activad de Charles fue incesante. Tomo muestras geológicas, recolectó plantas y, con la ayuda de su criado, capturó una buena cantidad de aves. Aquellos pájaros, sin duda unos pinzones, por su patente parecido con los del continente, le fascinaron especialmente. La enorme variedad de sus picos, cada uno adaptado a un peculiar modo de alimentación, acapararon toda su atención. Se esforzó en anotar cada detalle, e incluso trató de dibujar aquellos variopintos picos, mas nunca fue ducho en el arte del dibujo. El asombroso parecido con las especies continentales, así como las sutiles diferencias entre los pinzones de cada isla, fueron haciendo que, poco a poco, se fuese forjando una idea que llevaba ya algún tiempo aleteando en la mente del joven científico.

Cuando en octubre de 1836 Charles volvió de nuevo a Londres, tras casi 5 años de viaje al rededor de mundo, comenzó a madurar todas aquellos conceptos y aquellas ideas que habían ido tomando forma a lo largo de aquella dilatada circunnavegación. Pero en aquel entonces, a sus escasos veintisiete años de edad, no podía imaginarse el alcance de aquellas teorías. Aún quedaban más de veinte años para que aquel joven naturalista emprendiese el que sería su más ambicioso proyecto. Más de veinte años para que su camino se cruzase con el de Wallace. Más de veinte años para que se convirtiese en el hombre que cambiaría para siempre la concepción de la vida. Más de veinte años para que el nombre de Charles Darwin quedase grabado en la historia para siempre...

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Bueno, dadas las fechas en las que nos movemos y que, aunque orginalmente fuese escrito para otros fines, aprovecho el pasado "cumpleaños" de nuestro estimado Darwin para colgar este relatillo que escribí hace un tiempo. No pretende ser una historia veraz ni detallada, así que es probable que pueda haber algún que otro fallo (ya sea pequeño o monumental) debido a la somera documentación que hice (pues era para un concurso entre amigos, con la temática "Siglo XIX, pero a mí me salió la vena biofri-ki :P).

¡¡¡Felicidades Darwin!!! (aunque sea con retraso)

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lunes, noviembre 05, 2007

Los colores del sexo (I): Carotenoides

Pues sí, ya estoy con uno de mis temas favoritos: selección sexual (¡¡mal pensados!! que sois unos mal pensados).

Como siempre, voy a hablar de aves, que es el tema que me resulta más cercano. Sólo hay que salir al campo o, los más vagos, poner un documental, para darse cuenta de la enorme variedad de coloraciones presentes en las aves. Principalmente existen dos tipos de coloraciones: las formadas por pigmentos y las estructurales. Cada una tiene sus características, sus peculiaridades y, en ocasiones, su mensaje. Hoy nos centraremos en las primeras, que a su vez se subdividen en dos grandes grupos: las basadas en carotenoides y las basadas en melaninas.

Los carotenoides suelen dar colores brillantes, como rojos, amarillos, anaranjados, verdes. Pero... ¿por qué tienen las aves esos colores? ¿Para qué sirven?

Algunos estudios demuestran que las hembras de diversas especies suelen elegir a los machos más coloreados. Esto nos dice que tales coloraciones podrían encerrar un mensaje para las hembras. ¿Pero cuál? Si nos remontamos a algún post anterior, vimos que existían múltiples señales que, para que sean efectivas, debían de tener un coste. Debían ser honestas. Y para saber saber cúal es dicho handicap, primero hay que ver que peculiaridades tienen estos pigmentos.

Para empezar, las aves son incapaces de sintetizar carotenoides, por lo que han de ingerirlos en la dieta. Estudios con herrerillos y carboneros han demostrado que aquellos que ingieren mayor número de orugas son más coloreados que el resto (las plantas sintetizan los carotenoides, las orugas se comen a las plantas e incorporan los carotenoides y los pajaros se comen a las orugas). Esto nos indica que un macho fuertemente coloreado es hábil forrajeando y buscando alimento, además de estar en buen estado coporal. Si, por el contrario, el animal está mal alimentado o no es capaz de ingerir los suficientes carotenoides en su dieta será incapaz de mantener una fuerte y viva coloración.

Diversos estudios han demostrado que los carotenoides tienen un papel importantísimo como antioxidantes, capturando los radicales libres que son tan perjudiciales para las células. Un animal fuertemente coloreado indicará que, aunque "desvíe" una parte de sus carotenoides hacia las coloraciones es capaz de mantener su condición física intacta (cosa que no podría hacer un ave en peor condición).

También existe relación con el sistema inmune. Se ha visto que las aves con infecciones coccidiales presentan menor grado de coloración, pues se bloquea la absorción de los carotenoides en el intestino. Así pues, un pájaro de brillante plumaje sería, una vez más, un pájaro sano, pues uno enfermo no podría absorber suficientes carotenoides para mantener su coloración. Y algo parecido ocurre con los ectoparásitos, al menos en algunas especies, aunque la relación no es tan clara como en el caso de las coccidiosis.

Estos son sólo unos ejemplos de los distintos tipos de información que pueden transmitir una determinada coloración. Por supuesto, se trata tan sólo de una pequeña introducción, pues la cosa es mucho más complicada. Aún queda por hablar de las coloraciones basadas en melaninas y de las estructurales (de las que hablaremos en próximos capítulos). Y no sólo quedan en el tintero esos dos tipos de coloraciones, sino también las distintas interacciones entre ellas, pues no es raro que se emplee una combinación de varios tipos de pigmentos (como en el caso del carbonero de la foto superior, donde el color amarillento lo dan los carotenoides y el negro las melaninas). Y cada coloración puede encerrar un mensaje totalmente distinto. Pero lo que sí vemos es que se ofrece una amplia gama de informaciones que sirve para facilitar la difícil tarea de elegir pareja.

En fin, que aún nos queda tema para rato (para los que les interese), pues el asunto es tan extenso como apasionante.

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domingo, octubre 21, 2007

Casualidades bíblicas

Pues hoy estaba yo enredando con mi web (sí, esa que hace un gúgol de años que no actualizo) y tratando de adaptarla a los estándares W3C cuando, al escribir la dirección de este blog que ahora leéis (y equivocarme), me quedé sorprendido de encontrarme con esto.

¿Casualidad? La verdad es que sería MUCHA casualidad, habida cuente de mi patente militancia anti-creata (echad sino un ojo al pequeño logo diseñado por Paleofreak que adorna mi barra lateral). Además, la dirección que uso (reporterobicharachero) no tiene mucho que ver con la biblia ni con el idioma de la pérfida Albión que emplean en la susodicha página.

En fin, curiosidades de la Red. ¿A alguno de vosotros, Evolucionarios, os ha pasado algo parecido con vuestras direcciones? Me pregunto con cuántas webs más de temática evolucionista habrán hecho eso. Y sobre todo... ¿Para qué?

En cualquiero caso, os invito a que NO hojeéis la página, ya que yo tampoco soy partidario de darles propaganda, ni siquiera mala, a este tipo de gente. Pero es que me ha hecho tanta gracia que tenía que comentarlo :P

ACTUALIZACIÓN 22-10-2007
Ya he averiguado en qué consiste la maniobra. Aunque mis conocimientos informáticos sean limitados, intuyo que no es más que redireccionamiento de cualquier subidominio del tipo "nombredelsubdominio.blogpot.com" hacia el dominio en sí (blogpsot.com), de forma que cualquiera que se confunda al escribir cualquier blog de blogger irá a parar a esa página. Me pregunto cómo de legal será esta estrategia (aunque, tristemente, supongo que sí que será legal). ¿Alguno de vosotros, lectores, sabe algo al respecto? Así luego dirán que tiene cientos de miles de visitas. Menudos métodos propagandísticos más rastreros... Está visto que, según sus métodos, todo vale.

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domingo, octubre 07, 2007

Premios IgNobel 2007

Pues sí. Otro año más tenemos aquí los premios a las investigaciones más extravagantes e inútiles del año. Esto premios son entregados cada año por la revista de humor científica Annals of Improbable Research en fechas cercanas a las de los premios Nobel. Este año vuelve a haber españoles entre los premiados. En concreto han obtenido el de Lingüística, por demostrar que las ratas, a veces, no distinguen entre el japonés y el holandés cuando las personas los hablan al revés. Vamos, todo un derroche de investigación aplicada. La verdad es que vi la noticia en el telediario pero fue de refilón. Entrevistaban a uno de los investigadores y decía que claro, en su momento, era una investigación seria, pero que claro, al leer el resumen del artículo era imposible no sonreírse.

Para mí es el mejor de ellos, aunque hay también otras perlas de la investigación, como la bomba gay, el ver cómo se recuperan del jet-lag las ratas que han tomado viagra o estudiar los efectos colaterales que sufren las personas que tragan espadas o cuchillas. Podéis ver el listado completo en la página oficial de los premios (en inglés) o, si sois muy vagos con el inglés, podéis echarle un vistazo a la lista de los ganadores aquí, y a los ganadores de años anteriores aquí. No tienen desperdicio.

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martes, septiembre 25, 2007

He vuelto!!

No, no he desaparecido. Me he pasado un veranito entretenido entre unas cosas y otras (en las que incluyo vaguear). Y desde que he vuelto ando en singular batalla con la burocracia, pues desde principios de septiembre soy protodoctor (al fin he conseguido una predoctoral!!). Y al hilo de esto, y mientras me pongo al día con unas y otras cosas, aquí os dejo una viñeta del genial Forges que me pasó un colega (pero no sé cual es la fuente original) y con la que me siento plenamente identificado:



Espero en breve poder retomar mi labor bloguera y dejaros algún que otro post más serio.
Aunque, cuando tenga un rato, dedicaré un post para presentaros a mi nueva amiga.

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lunes, junio 18, 2007

¡¡YO QUIERO UNO!!

A ver... ¿Quién no ha querido alguna vez tener un dinosaurio? Y ya después de Parque Jurásico la cosa se desató. Pues queridos paleofrikis... Ya podemos hacer realidad nuestro sueño. Y es que los juguetes avanzan que es una barbaridad. Estaba yo ayer viendo el último vídeo del Paleofreak cuando me dio por enredar un poco en el Youtube. Y algo llamó poderosamente mi atención. Echadle un ojo y veréis como no exagero:



Ni Furbies ni leches... ¡¡Yo quiero un Pleo!! Esta monada es una cría de Camarasaurus con unos movimientos y una forma de interactuar con el entorno que he tenido que hacer una búsqueda en Internet para ver si era realmente un juguete que iba a llegar al mercado y no un prototipo. Así que, si quieres uno, parece ser que por unos 167 € (unos 200$) podrás darte el capricho de tener tu propio dino. A su lado, cualquier juguete que haya visto hasta ahora parece del Palezoico. Esto sí que es un juguete friki y lo demás es tontería.

Ante esto, lo único que cabe decir es... ¡¡YO QUIERO UNO!!

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domingo, junio 17, 2007

Caminando entre trilobites

No, no se trata de una nueva serie de la BBC (pero no estaría mal que la hiciesen). Caminar entre trilobites es lo que he venido haciendo estos días de la mano de Richard Fortey, gracias a su excelentre libro ¡Trilobites! Evolutionibus ya hizo una reseña en su blog sobre él y fue el culpable de que ahora lo tenga en mi biblioteca particular.

Hasta hace unos días, los trilobites no eran más que unos bichejos curiosos que fueron muy abundantes durante el Paleozoico. Pero ha sido ahora cuando me he dado cuenta cuan ignorante era en relación a estos seres tan fascinantes. Una de las cosas que más me ha llamado la atención ha sido la enorme diversidad de estos seres. Todo el mundo ha oído alguna vez hablar de los trilobites, y todos tenemos en mente una imagen tipo de ellos. Pero tan sólo hay que hojear brevemente el libro para descubrir todo una babel de formas y diseños (algunos propios de las más terribles y espinosas pesadillas).



Pero ya no es sólo el poder asomarse a ese mundo desaparecido a traves de los ojos de calcita de los trilobites (un capítulo sorprendente, el de los ojos), sino que Richard Fortey los usa como medio para explicarnos no sólo aquel mundo paleozoico, sino para hablarlos de paleontología, de tectónica de placas, de paleogeografía, paleomagnetismo, evolución, hisotoria de la ciencia y de los científicos... Todo un crisol de conceptos e ideas maravillosamente hilados con una prosa a veces cómica pero sin perder ese aire casi poético que mantiene el libro a lo largo de todas sus páginas. Richard Fortey consigue transmitir esa inenarrable pasión por los trilobites, consiguendo que hasta el más profano en la materia sienta curiosidad por ver como eran esos pequeños (y no tan pequeños) seres del pasado.

Por todo ello es un libro que recomiendo. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto y a todos los niveles de un libro de ciencia. De lo único de lo que me arrepiento es de no haberlo leído en inglés, pues en la traducción al español se pierden multitud de juegos de palabras y dobles sentidos que el autor emplea con frecuencia, y que sólo se pueden apreciar gracias a las frecuentes notas del atento traductor.

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